Sumergida bajo el agua, agita manos y pies buscando la piedra que su padre le tiró y que sirve por un tiempo de distracción.Más a la derecha un grupo de niñas intenta escapar de aquellos que con ahogadillas les quieren molestar. En la orilla, un bebe se moja las piernas, riéndo y disfrutando de las gotitas que salpican. En el césped, tres adolescentes toman el sol, ojeando alguna revista y cotilleando sobre los últimos movimientos de los socorristas. Al fondo, un camarero argentino intenta ligar con una bonita sonrisa mientras dos chicas se comen un helado de manera sugerente. Se mezclan gritos advirtiendo a sus hijos de que si corren se pueden caer con diferentes tipos de música. A una señora le parece que el agua está demasiado fria, o al menos es lo que en su cara se puede apreciar. Al lado de ella unos chicos quieren impresionar a sus ligues con unos saltos un tanto arriesgados. Otros, prefieren leer en su toalla y evadirse de donde están mientras su piel se broncea un poco más en aquella piscina. Una piscina de verano, de vacaciones. De la que se podrían escribir mil historias, mil anécdotas y la que nos hace un poco más felicies solo por el simple hecho de ser eso: una piscina.
viernes, 25 de junio de 2010
domingo, 6 de junio de 2010
VERANO.

martes, 1 de junio de 2010
COLORES.
Es fascinante poseer un folio en blanco. Vacío. Y dibujar en él. Líneas improvisadas. Ideas plasmadas. Deseos a lápiz. Un paisaje. Una niña. Unas flores. Y dejar caer sobre la mesa el montón de lapiceros de colores. De rojo las amapolas, y los labios de ella, montada sobre su pequeña bicicleta multicolor. De amarillo su pelo, largo y el sol, con ojos, nariz y boca. De azul la mirada alegre de ella, y el cielo, y sus zapatos. De verde la hierba, la camiseta y los pendientes curiosamente puestos sobre la melena rubia. De morado los pantalones y de marrón las montañas. Fantasía coloreada. Un dibujo que recuerda a los que regalaba de pequeña. Y lo sigo haciendo. Sigo pintando de alegres colores lo que de niña imaginaba que era la vida perfecta. Sin tecnología, con flores y entre naturaleza. Un papel ahora vistoso y colorido que permite, por unos momentos, que aprecie cada trazo pensando en lo bonita que es la vida cuando la pintamos nosotros mismos.
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